Ayer escribí un artículo en el que mencioné el tema del software libre en la educación. Hoy lo voy a retomar porque tengo cosas que añadir.

El software libre tiene sus bazas y beneficios, que no voy a detallar en este momento. Esas características hacen que, en muchos casos, el software libre sea una herramienta útil, asequible y favorable para los usuarios; sin embargo, hay muchas personas que lo desconocen o simplemente rechazan el cambio y se resignan a lo que tienen. Pero, al fin y al cabo, cada uno es libre de elegir, nadie puede obligar a nadie. A pesar de esto, si la gente no tiene información acerca del software libre o esa información es errónea, nunca tendrán la libertad de elegir probarlo.

Ayer mencioné el uso de software libre en las aulas. Hay que concienciar a los alumnos de que el software libre puede suponer una gran ventaja para el usuario. Pero eso han de hacerlo los profesores. Hoy me he dado cuenta de que primero se debe concienciar a los profesores para que luego los alumnos tengan la posibilidad de conocer el softawre libre. Es cierto que no siempre se puede conseguir exactamente lo que se pretende y que en muchos casos se depende en gran manera de los medios disponibles, pero sería muy recomendable y productivo que las personas conociesen que hay un amplio abanico de alternativas al alcance de cualquiera. Fíjense que no hablo ya de implantar el software libre como única opción, eso queda a elección de las personas encargadas de organizar la clase de informática; lo que estoy diciendo es que han de presentarse tanto las alternativas (Linux) como lo más usado (Windows). No me vale el argumento de que si lo usa todo el mundo entonces es lo mejor, porque la realidad es totalmente distinta. ¿Cómo podremos optar por algo mejor si no conocemos más que una de las opciones existentes? Para sopesar qué es lo mejor de dos cosas primero ha de haber dos cosas, si sólo tenemos una no tenemos con qué comparar. Por tanto, el comienzo de todo esto es la concienciación, tanto de la sociedad en términos generales como del profesorado en particular.

Recuerdo que a finales de agosto una amiga se compró un portátil y tuve que llevarle algunos programas y configurarle el ordenador (no llego al punto de ser un pringao, al menos por el momento). Uno de los programas que le instalé fue Mozilla Firefox. Tras instalarlo le expliqué un poco cómo usarlo, evidentemente sin profundizar en las cosas básicas, sino explicándole más bien cosas como las extensiones, etc. Y al parecer está encantada. Es útil, cómodo, personalizable, gratuito y más estable que Internet Explorer. Cumple su objetivo y lo hace bien, que es lo que buscamos. Y es software libre. La conclusión de todo esto: si no se prueba no se sabe, y si no se conoce no se es imposible que se pueda probar.